16 de febrero de 2011

Un día de alguien, los días de todos

Echar de menos a todo aquel que te echa de más. No saber si es lunes o viernes solo desear que pase la semana corriendo o volando, pero nunca que se pare el tiempo. Darle vueltas a las manecillas del reloj para que llegue a las 12 (de la noche) lo antes posible aunque solo seán las 6 (de la mañana). No dejarte querer, ni querer dejar. No querer, querer. No permitir ayuda, ni ayudar a permitir. No permitirte. Pasar las horas, los minutos y hasta los segundos -porque esos son los que mas cuen(s)tan- mirando por la ventana, buscando algo interesante al otro lado de la calle, al otro lado de tu vida. No subir a respirar a pesar de estarte ahogando allí donde estás sumergido. No querer levantarte de la cama o ser incapaz de moverte del sofá. No tener hambre, ni sed, ni tan siquiera apetito sexual. Encerrarte bajo mil y un candados de secretos, de lágrimas, de silencios, y hasta de enfados. Refugiarte en ti mismo sin poder/querer salir de ahí aún sabiendo que eso, no es lo mejor, ya que tú (ahora) no eres lo mejor. Estar bajo la lluvia, empapándote, y no notar las gotas derramandose por tu cara. No sentir, no creer, no pensar. No actuar, no perder, no ganar, no jugar. No vivir, no luchar. No reír, no llorar, no importar. No ser nadie en el día de alguien, en un día de todos.

1 comentario:

Alba Ferrera Sánchez dijo...

Yo, que pensaba que al mismo tiempo que el frío quedaba atrás me iba reponiendo... y ha sido leer esto y volverme gris. Como últimamente ocurre sin saber muy bien por qué.
Gracias por tanto sentimiento. Con los exámenes me he olvidado un poco de las buenas letras, ¡imperdonable!
Y bonita foto;)