25 de agosto de 2010

Trás la puerta.


No recuerdo cuando fué la última vez que alguien me espero despierto. Para preguntarme dónde andaba a esas horas y echarme en cara la preocupación que tenía hasta oír sonar la cerradura, todavía con miedo de que no fuera yo, aún siendo imposible que fuera otra persona. No recuerdo esa sensación, aunque si, la echo de menos. No sé como me sentía en ese momento, porque ahora me siento muy diferente. 
Ahora sería muy especial una noche de esas en la cual alguien me esperara trás la puerta para abrirla incluso antes de que yo sacara las llaves del bolso y, mirándome de soslayo con esos ojos de ternura que dejan entrever una extraña oleada de tranquilidad, intentára que el tono de su voz sonará lo más fuerte posible, incluso llegando a asustar. -Si no fuera por esa manera de mirarme, a mí.-
Aunque no sepa bien en este preciso instante lo que se siente cuando hacen eso por y para tí. Lo echo de menos, lo sé, y lo noto. Noto que lo extraño. Y sé que hay alguien que cada día se pondría trás su puerta, o trás la mía, a esperarme cada noche y recordarme aquella sensación, y mirarme de aquella manera. Para preguntarme dónde andaba a esas horas...

2 comentarios:

Alba Ferrera Sánchez dijo...

Yo también lo extraño, aunque no recuerdo haberlo tenido muchas veces. Pero se añora lo que no se posee... ¿verdad? Eso de lo que muchos hablan y tú no puedes sentir pero quieres tener.
Me pregunto dónde estarán esas personas...

Solo.mi.yo dijo...

Si. Es muy común y típico extrañar, añorar ese algo que en ese momento no se posee. Pero créeme, esas personas estarán el algún sitio, tal vez esperando a la vuelta de la esquina, detrás de la puerta por ti, por mí...Extrañandonos.